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¿Más cartas?

  





 

DISCLAIMERS: Xena y Gabrielle son propiedad de MCA/Universal y Reinaissance Pictures. Sólo los he cogido prestados por un rato. Ninguna violación de los derechos de autor fue intentada en la escritura de esta historia. Pueden contactarme en BLMiller@banet.net

VIOLENCIA: Ninguna

SEXO: Esta historia contiene escenas de dos mujeres haciendo el amor.J Si esto te ofende, porfavor no la leas. Hay otras muchas historias maravillosas que leer.


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De B L MILLER

Visita la versión original en inglés

(Traducido por Yolanda Palomo)

La lluvia salpicaba afuera, haciendo que la cueva pareciera todavía más oscura de lo que debería ser a esta hora del día. Xena apiñó las maderas de la entrada de la cueva a la parte de atrás, esperando haber cogido suficiente hasta que cesara la tormenta. Gabrielle estaba inclinada sobre la silla de montar, la punta de su pluma tocaba sus labio, sus ojos pegados al pergamino enfrente de ella. La guerrera miraba sus armas una vez más. Estaban afiladas y pulidas. Se echó sobre la pared de la cueva y de su boca salió un desesperado suspiro.

“¿Quieres que te cuente una historia?”, preguntó la bardo, sin dejar de mirar su trabajo.

“No, estoy cansada de historias. Quiero hacer algo”, miró maliciosamente a Gabrielle y cogió su chakram. Los ojos de Gabrielle se agrandaron, tiró su pergamino, y arrancó el arma de las manos de la guerrera.

“Oh no, no lo vas a hacer. No voy a jugar al vamos a ver como de cerca queda la cabeza de Gabrielle con el juego del chakram”, puso el disco al lado de ella, lejos de las aburridas manos de su compañera.

“Tengo que practicar”, Xena contestó, sus ojos buscando alrededor para hacer alguna otra cosa. Gabrielle se veía pensativa, entonces sus ojos volvieron a agrandarse.

“¡Lo tengo!”, exclamó, mientras se dirigía a la silla de montar, y sacó una baraja de cartas.

Xena se mofó de la idea de la bardo. “No voy a jugar a las cartas, Gabrielle. Por cierto, ¿de donde has sacado éstas?”

“Me las dió Ephiny la ultima vez que estuvimos en el poblado. Me dijo que me podrían hacer caer del caballo. Olvidé que las tenía”, ella replicó, mientras barajaba las cartas. “Vamos Xena, ¿qué más vas a poder hacer?”

Xena miraba al continuo chaparrón y suspiró. Ella odiaba los juegos. Eran una perdida de tiempo. Xena miró a la ansiosa bardo. “¿A qué vamos a jugar?”

“A un juego que me enseñó Autolycus, martillos y hachas.”

“¿Martillos y hachas? ¿en qué estaba pensando cuando te enseñó eso?”, dijo la guerrera, dibujándose una mirada indignante en su compañera más joven.

“Xena, no soy una niña. Soy lo suficientemente mayor para jugar a martillos y hachas. Soy una Reina Amazona, ¿sabes?, dijo, sus ojos transmitiendo dolor, provocando instantáneamente una sensación de culpa en la guerrera por tratarla como a una niña inocente con necesidad de protección.

“Está bien. Jugaremos a martillos y hachas. ¿Qué es lo que vamos a apostar?. Ni siquiera tenemos dos dinares entre las dos.”

“Bueno, ¿Qué es lo que hacías cuando no tenías dinero para jugar?”, ella observó como la mujer más alta encontró de pronto algo muy interesante en el fuego y empezó a avivarlo con un palo. Xena murmuró algo inaudible.

“¿Qué?”, Gabrielle contestó, preguntándose si el rostro de la guerrera se estaba poniendo rojo por el calor del fuego o por vergüenza.

“He dicho que nos desnudábamos”, dijo Xena tranquilamente, sin dejar de mirar al fuego. Gabrielle permaneció en silencio por un momento, su mirada también concentrada en el fuego.

“Oh”, Gabrielle contestó. “Bueno, podemos hacer eso. Quiero decir, no es como que nunca nos hemos visto desnudas antes, ¿no?”

El corazón de Xena empezó a latir con fiereza en su pecho. A pesar de que era verdad que se veían desnudas a menudo, normalmente era sólo por unos segundos, mientras entraban o salían del agua o se cambiaban la ropa. Ella no sabía si podría ocultar el deseo que había empezado a encenderse dentro de ella desde hacía tanto tiempo, si veía a su compañera desnuda enfrente de ella.

Quizás era el deseo, o la curiosidad, pero la guerrera asintió y se movió a una posición donde quedaban la una al frente de la otra y se preparó para jugar. Gabrielle sonrió ampliamente y repartió cuatro cartas a cada una antes de dejar el resto de la baraja a su lado.

Xena miró sus cartas. Un hacha, dos martillos, y dos mazos. Ella puso el hacha sobre la mesa y esperó a que la bardo le diera otra carta. Otro martillo. Un full. Su cara permaneció impasible mientras miraba a Gabrielle coger dos cartas.

“Bien, ¿qué tienes?”, dijo la bardo, sonriendo mientras observaba sus tres hachas.

“Un full.”, replicó la guerrera, poniendo las cartas boca arriba para que las viera la bardo. Gabrielle puso sus cartas sobre la mesa. Con una pícara sonrisa, se desabrochó su bota izquierda, se cogió su pie por un momento, y lo puso directamente debajo de la nariz de la guerrera. “¡Basta ya!, gruñó Xena juguetonamente mientras apartaba el pie. “¿Estás tratando que me desmaye?”

“Qué graciosa, esto lo dice la mujer, que tiene que poner sus botas lejos del campamento. Porque si las pusieras cerca del arroyo, los pescados saltarían y cometerían suicidio”, ella bromeó. Intercambiaron codazos juguetones por un momento hasta que las carcajadas cesaron y volvieron al juego. Gabrielle pronto perdió otra mano y por lo tanto la otra bota.

El corazón de Xena dio un vuelco cuando descubrió cual iba a ser la próxima pieza de ropa que Gabrielle iba a perder, ese horrible top verde. Viendo como la luz del fuego iluminaba su musculoso abdomen, tenía que admitir que este top tenía sus ventajas respecto a los anteriores. Para su consternación, ella perdió las siguientes dos manos, poniéndola en la misma situación que su compañera.

Gabrielle miró a sus cartas y el pulso se le aceleró. Cuatro hachas. No había manera de que Xena le pudiera ganar esta mano. Ella puso la quinta carta y cogió una nueva, tratando de ocultar su excitación. Era tan raras las oportunidades en las que podía ver esas maravilloso y apetecible cuerpo que pertenecía su amiga. El deseo que sentía desde hace tiempo de que su relación fuera más allá, resurgió. Desde el beso y la resurrección de Xena, su seguridad de sus verdaderos sentimientos hacia ella, habían plagado sus pensamientos. Cuando estaban en la villa amazona, Gabrielle siempre trataba de mirar la expresión de Xena mientras las amazonas bailaban, esperando ver algún signo de interés de Xena hacia las mujeres. Como siempre, su compañera permanecía estoica e impasible, como si ver bailar a mujeres prácticamente desnudas fuera lo más normal del mundo.

Devolviendo sus pensamientos de nuevo al presente, levantó la mirada rápidamente y captó los profundos ojo azules con su igualmente profundos ojos verdes. Por un rápido instante, las dos vieron la misma cosa en los ojos de cada una. Xena aclaró su garganta y miró sus cartas. “Tres hachas y dos martillos.”

“Ah, ¡cuatro hachas!, dijo la bardo, poniendo lentamente sus cartas sobre el suelo, rozando la victoria. Xena la miró y se levantó.

Gabrielle observó desilusionada como la guerrera se quitó la falda de cuero y volvió a sentarse.

“¿Algún problema?”, dijo Xena sarcásticamente, notando la mirada de su amiga.

“Oh, no. Sólo se me había olvidado la falda, eso es todo,” dijo imperturbablemente mientras barajaba las cartas. Notó un ligero acaloramiento creciendo entre sus piernas. Tenía dos martillos, dos mazos y una espada. Esperó a que Xena cogiera sus cartas.

Xena miró sus cartas. Tres mazos, una espada y un hacha. Gabrielle puso sus tres espadas, su mazo y su martillo. “Los mazos ganan a las espadas”, Xena dijo enseñando sus cartas.

“Tienes razón”, dijo Gabrielle mientras le daba una rápida sonrisa. Y empezaba a desabrocharse su top. Los azules ojos de la guerrera se ensombrecieron llenos de deseo mientras los llenos, suaves globos, se escapaban de los confines de la ropa de la bardo y se mostraban ante su mirada. Xena desvió su atención hacia la baraja de cartas y se concentró en barajarlas, mientras su mente, continuaba imaginándose la sensación de su boca contra esos suaves pechos. Gabrielle notó con bastante interés que su mejor amiga estaba teniendo dificultad en encontrar sus ojos o mirarla. Muchas preguntas se formaban en su mente.

La cabeza de Xena nunca se levantó mientras miraba sus cartas. Dejó dos cartas y volvió a coger otras dos. Una pareja, una mano inútil. Como esperaba, perdió ante la pareja de martillos y hachas de Gabrielle. Sin ninguna ceremonia, alcanzó y desabrochó su vestido de cuero, dejándola esta acción, sólo con sus shorts. A través de reveladores ojos, Gabrielle miró a los inflados pechos, los oscuros pezones señalando hacia ella, haciendo muy difícil la respiración en la cueva. Inconscientemente se humedeció sus labios. Lentamente, Xena alzó su cabeza para encontrar la mirada de Gabrielle. La cara de su rubia compañera contestaba al menos, una pregunta, pero empezaba muchas más. “Uh”, la boca de Xena parecía bastante seca en este momento. “¿Vas a repartir?”

“¿Qué?”, dijo levantando su cabeza rápidamente. “Oh, sí, ejem”. Empezó a barajar las cartas abstraídamente, sólo parando cuando se dio cuenta que las dos ya tenían mas de cinco cartas. Gabrielle sonrió tímidamente y volvió repartir las cartas. Xena notó la falta de concentración de su amiga, ella misma ya no controlaba sus pensamientos. Prestaba poco atención a las acciones de Gabrielle, sólo se preguntaba a que juego estaban jugando realmente.

“¡Tres martillos y dos hachas!”, dijo triunfalmente Gabrielle. Su alegría cesó cuando vio una sonrisa en el rostro de su compañera.

“Creo que cuatro mazos ganan a un full”, dijo Xena victoriosamente, poniendo las cartas a la vista de la bardo. “Te toca perder algo”, se echó atrás y observó como Gabrielle se levantaba y se quitaba su cinturón de cuero, poniéndolo a su lado mientras se sujetaba su falda y se volvía a sentar. “Eh, los cinturones no cuentan”, protestó la guerrera.

“Los cinturones cuentan”, dijo firmemente la bardo mientras repartía las cartas. “Seguro que ganas, así que no protestes”, dijo, sin apartar nunca su vista de las cartas. Xena sonrió al pensamiento más que lujurioso que había tenido al pensar en la victoria y trató de devolver su atención a la otra clase de juego que se estaba desarrollando.

“Tres martillos”, dijo la guerrera, su corazón latiendo con rapidez al comprobar que no podía apartar su mirada de los pechos de Gabrielle. La cara de Gabrielle estaba pegada a las cartas, un full, y lo que implicaba estas cartas.

“Un full”, dijo, su voz era poco más alta que un suspiro. Gabrielle se incorporó un poco y agarró el sudoroso brazo de la guerrera, este movimiento expuso aún mas sus pechos a la guerrera, que estaba luchando desesperadamente por no cogerla entre sus brazos y hacerle el amor.

“Uh, ¿qué?”, dijo Xena, dándose cuenta de repente que no sabía quien había ganado la mano.

“He dicho que tengo un full”, repitió Gabrielle como si otra pregunta hubiese sido hecha.

“Oh... bueno, supongo entonces que he perdido ¿no?, replicó Xena mientras se levantaba. Se quitó sus shorts, notando la humedad entre sus piernas. Sentó su desnudo cuerpo con las piernas cruzadas, sus manos descansando en sus rodillas. La guerrera observó como los ojos de Gabrielle viajaban por su cuerpo hasta descansar en su oscuro pelo púbico, antes volver a recoger las cartas. Sin decir una palabra, la mujer rubia barajó y repartió otra mano.

“Gabrielle, has ganado. Estoy desnuda. ¿Qué pasará si vuelvo a perder?, mientras preguntaba esto, la mente de Xena estaba llena de varias posibilidades.

“He pensado algo. No estoy preparada para parar todavía”, replicó la bardo. Las dos entendieron el doble sentido de estas palabras.

“Tres martillos”, dijo Gabrielle mientras ponía las cartas sobre el suelo. Xena miró sus cartas, un full. Un millón de sentimientos, incluidos el miedo, cruzaron su mente mientras ponía las cartas sobre el suelo.

“No gano”, dijo suavemente, sus ojos azules llenos con los verdes de su compañera. Se sentó tranquilamente y esperó a que hablara Gabrielle.

“Bueno, veamos...uh, vamos a ver, ¿qué te parece si haces algo que no haces normalmente?”, dijo la bardo nerviosamente.

“¿Cómo qué, Gabrielle?

“Uh,...como...¿qué te parece... abrazarme?, tú no haces eso muy a menudo”.

“¿Quieres que te abrace?”, el pensamiento de contacto corporal hizo que los dos corazones latieran dolorosamente. Xena se arrastró y se arrodilló enfrente de ella. El tiempo pasaba silenciosamente mientras sus cuerpos se envolvían el uno al otro. El calor de la piel de Gabrielle derretía los sentidos de Xena. Su acalorado aliento rozaba sus pechos. Todo esto provocaba una enorme oleada de calor entre las piernas de la guerrera. Lentamente, los brazos empezaron a acariciar espaldas, las dos empapadas en estas maravillosas sensaciones. Sólo cuando las dos se dieron cuenta cuanto tiempo habían estado abrazándose, se separaron. La guerrera volvió donde estaban sus cartas. Barajó y repartió las cartas, desafiando a la bardo a que continuara el juego. Gabrielle tragó con dificultad y miró a Xena, atreviéndose a mantener la mirada.

“¿Lista?”

No muy segura de cómo contestar, Xena asintió tímidamente y repartió las cartas. Xena sonrió cuando el resultado final la dejó con cuatro martillos. Su ingle se apretó cuando vio que una sonrisa atravesaba los labios de Gabrielle mientras ésta dejaba cuatro hachas sobre las cartas de Xena. “Parece que has perdido otra vez, mi querida guerrera”, la sonrisa cesó cuando la bardo se percató de que tenía que elegir otra acción que Xena realizara. “Uh,... ¿Y ahora qué?”

“Supongo que la próxima acción sería besarnos, Gabrielle”, dijo suavemente la guerrera mientras se acercaba cada vez más. Su aliento rozaba la oreja de Gabrielle. “¿Estás preparada para esto, Gabrielle?”

La bardo se estremeció notablemente, sus ojos todavía concentrados en las cartas ganadoras. Las manos de Xena agarraron su hombros y volvió su cara hacia ella. Sus ojos verdes flotaban perdidos en el espiral azul de la guerrera, mientras ésta bajaba lentamente sus labios. Una cálida suavidad encontró otra cálida suavidad al juntar sus bocas. Xena trataba de controlar su pasión y paró después de un más que respetable tiempo. Pasaron muchos frenéticos latidos de corazón antes de que Gabrielle volviera a abrir sus ojos y viera a la guerrera sentada enfrente de ella con las cartas en sus manos.

Se colocó al lado de Xena y retiró las cartas de sus manos. “No mas juegos”, dijo suavemente Gabrielle mientras se levantaba y dejaba caer su falda al suelo. Sus manos fueron entonces a sus shorts y encontraron los largos dedos de la guerrera.

“Déjame”, dijo pícaramente, sus dedos se hundieron en el suave material y los dejó caer. Un suave pelo rubio apareció, humedecido por el deseo. La piernas de Gabrielle empezaron a temblar cuando los labios de Xena se apretaron contra los tensos músculos de sus muslos. Las manos de Xena se colocaron en su cadera, la sentó sobre ella y empezó a lamer su cuerpo. La mano de Gabrielle cogió la mejilla de la guerrera y empezó a acariciar su rostro con sus dedos. Hubo silencio durante mucho tiempo mientras las dos mujeres disfrutaban de los últimos acontecimientos y las ramificaciones que estos conllevaban.

“Te quiero”, murmuró Gabrielle mientras sus labios conectaban con los de la guerrera. Esta vez Xena rehusó controlarse, llevando su lengua delicadamente a gozar de los labios de la bardo, emitiendo un suave gemido, antes de que Gabrielle abriera su boca para aceptar el deseoso músculo. Con una gentileza que sorprendió a la bardo, Xena la besó profunda y apasionadamente, mezclando su deseo y pasión con su profundo amor.

Las manos de Gabrielle acariciaban suavemente los hombros de la guerrera, mientras los brazos de ésta, envolvían a la bardo. Los pechos se presionaban mutuamente mientras sus lenguas jugaban la una con la otra, amándose gentilmente con sus bocas. Xena gimió cuando notó una presión de calor húmedo contra su vientre, justo encima de su sexo. Xena repartió una serie de suaves besos sobre la barbilla de la bardo antes de tomar su oreja y chuparla suavemente. Pequeños sonidos de placer escaparon de los labios de Gabrielle, mientras ésta enredaba sus dedos en el oscuro sexo de la guerrera. Xena descendió su boca, besando y saboreando gentilmente su cuello antes de alzar su cabeza y mirar en los verdes ojos llenos de pasión.

“Te quiero, Gabrielle”, dijo con todo el amor de su corazón mientras inclinaba a la bardo, poniendo sus senos a su vista. La luz que provenía de las llamas parpadeaba en su pecho izquierdo, invitando a la guerrera a tomar una muestra del tesoro que estaba tan cerca de su boca. Xena levantó su mano derecha y la puso sobre el pecho de la bardo, poniendo su pezón rígido bajo la palma de su mano mientras lo apretaba suavemente. Ambas mujeres cerraron los ojos a ésta sensación. Xena quitó su mano y bajó sus labios para besar el ahora erecto pezón. Gabrielle suspiró profundamente y apretó la cabeza de Xena contra ella, encorajinándola a una exploración más profunda. Gabrielle jadeó cuando sintió la lengua de Xena acariciar su carne erecta, las sensaciones producían un enorme calor en sus sexos.

“Xena..., gimió mientras la presión crecía. El cuerpo de Gabrielle estaba cubierto en llamaradas de pasión continua, causadas por el glorioso placer que la poseía. La lengua de Xena abrió camino a su pecho derecho prodigándole las mismas atenciones. Gabrielle ya no tenía control sobre su cuerpo y se retorcía ante la caliente boca de la guerrera. Los suaves gemidos que escapaban de sus labios, sólo servían para encorajinar aún mas a la guerrera a poseerla. Sus dedos apretaban una y otra vez el pelo ensortijado mientras sucumbía a loa pasión de la guerrera.

La guerrera se levantó, cogió a la bardo en brazos, y la llevó a las mantas replegadas en el suelo. Con el más gentil de los movimientos, depositó a su amante sobre las mantas y reclamó su boca mientras se tendía junto a ella. Las manos de la guerrera continuaban asaltando los sentidos de la bardo con la manipulación de su pezón. Las caderas de Gabrielle se movían según su voluntad, suplicando silenciosamente para que Xena la llevara a los Campos Elíseos con su amor. El fuerte brazo de la guerrera se deslizó entre los muslos de la bardo y presionó contra su sexo, causando el grito de Gabrielle, que arañaba la espalda de la guerrera. Con una infinita lentitud, la mujer más alta deslizó sus dedos sobre el suave follaje, empapándose inmediatamente de los fluidos del amor de la bardo. Xena cerró los ojos a la exquisita sensación.

Xena ascendió su dedo rozando ligeramente su pequeño bulto de nervios. Gabrielle gritó y apretó a Xena contra ella, sofocando sus gritos con sus besos. La guerrera movía sus dedos adelante y atrás, siempre aumentando la frecuencia, dejando que el balanceo de las caderas de Gabrielle marcaran el ritmo. Bajó la boca para chupar gentilmente la garganta de Gabrielle, mientras deslizaba un largo dedo dentro del cálido túnel. La bardo arqueó su cadera mientras estiraba su cabeza hacia atrás. Todo pensamiento coherente se esfumó mientras reaccionaba ciegamente a las caricias de Xena, sus caderas se balanceaban, forzando de nuevo el ritmo una y otra vez, mientras se alzaba cada vez más alto.

Mientras la bardo cerraba con fuerza sus ojos sintiendo dentro de ella sensaciones de todos los colores, Xena deslizó otro dedo en Gabrielle, y con su caricia logró alcanzar de nuevo ese lugar especial dentro de ella. Sus gritos eran constantes, llenando con ellos la cueva, mientras retumbaban contras las paredes. Los músculos del antebrazo de la guerrera se tensaban y relajaban según movía sus dedos dentro y fuera, satisfaciendo a la bardo con cada empuje.

Los brazos de Gabrielle envolvían con fuerza el cuello de la guerrera, poniéndola más cerca de ella mientras el sonido del fluir de su sangre llenaba sus oídos y sus dedos se entrelazaban con los de la guerrera. Con un último grito del nombre de su amante, Gabrielle llegó al clímax y navegó en una gloriosa oleada de placer. Xena continuaba con ella, intentando que el placer durara lo más posible, antes de depositar a la mujer de nuevo en las mantas y quitar sus manos de ella.

Pasó un buen rato antes de que los ojos verdes se abrieran y se concentraran en los cálidos azules. “Yo nunca...”, dejó lo que iba a decir cuando sintió de nuevo la mano de Xena en movimiento, esta vez rozando de atrás a adelante su sensible esencia. “Xena... ¿que-que me estás haciendo?”, sus ojos se cerraron mientras esta acaricia la devolvía de nuevo a una nueva oleada de placer.

“Relájate y disfruta”, murmuró la guerrera antes de bajar su cuerpo y colocar sus labios a la altura del suave y rubio pelo rizado de Gabrielle. Con la destreza de un felino, separó los voluntariosos muslos de Gabrielle y se sumergió entre ellos. Un profundo gemido se escapó de los labios de la guerrera al degustar por primera vez el sabor de su bardo. Se tomó su tiempo probando y explorando a su querida bardo mientras Gabrielle retorcía y contraía sus caderas contra ella. La lengua de Xena se deslizaba adelante y atrás, arriba y abajo mientras lamían los jugos que fluían libremente. Los quejidos de placer de Gabrielle llenaban sus oídos con sonidos tan dulces, que la guerrera se juró que nunca volvería a escuchar un sonido tan maravilloso. Su propio sexo palpitaba con gran necesidad mientras sentía como el cuerpo de Gabrielle se tensaba y la presión de los dedos de la bardo en su cabeza aumentaba.

“O, Dios mío... Xena...Quiero....”, no podía describir la necesidad que sentía, pero su amante sabía instintivamente que hacer. Usando sus pulgares para apartar la piel plegada, Xena envolvió sus labios alrededor del suave bulto de nervios y lo acarició firmemente con su lengua. El cuerpo de Gabrielle se estremeció mientras lágrimas se deslizaban por su rostro, sus ojos apretados mientras su cuerpo explotaba de placer. Xena la ciño por la cintura y la mantuvo ahí, haciendo todo lo que estaba en su poder para beber cada gota que venía del cuerpo de Gabrielle. Sólo paró cuando sintió que el cuerpo de la bardo se relajó, y se tendió rápidamente junto a su amada.

“Quizás deberíamos jugar a las cartas más a menudo” dijo sarcásticamente Xena, mientras depositaba un beso sobre la nariz de Gabrielle. Los ojos verdes se abrieron y se fijaron en el rostro de la guerrera mientras una gentil sonrisa dibujó sus labios.

“Me gusta la idea”, susurró, mientras se acercaba a Xena para otro beso. Ninguna notó que la lluvia ya había cesado hace mucho tiempo y tampoco les importaba.

FIN

 

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